sábado, 23 de enero de 2010

Choque de mundos



CHOQUE DE  MUNDOS


Por


Umbra Estel
Fanfic de Harry Potter





Unos misteriosos aliados aparecen, más poderosos de lo que deberían ser a la edad que aparentan  siempre enmascarados van tras un grupo de mortifagos y parecen muy ansiosos con respecto al tiempo cosa que no dejan de notar Lily y James.

Comenzando a indagar en el asunto y venciendo los cuidados de los sujetos descubren que el líder de dicho grupo no es nada má ni nada menos que Harry Potter, su hijo que viene del futuro y que en el tiempo en que viven tiene apenas un año de edad. Eso inquieta a los merodeadores pues...¿Qué ha traido al chico a ese tiempo? ¿Qué pretende? y sobre todo ¿Qué eventos lo hicieron volverse tan fuerte?




PRIMER CAPITULO




Unos Misteriosos Aliados






Inserte aquí la molesta y por todos conocida advertencia de derechos de autor.



Unos Misteriosos Aliados



Bajo la tenue luz de la luna que iba a medio camino de estar completamente llena, en un paraje de un bosque desconocido, una brillante luz apagó momentáneamente las estrellas del firmamento. Una cálida, muy brillante y roja luz.



¡¡¡THUDD!!!



El sonido poco familiar en el bosque hizo que algunas aves que dormían plácidamente en sus nidos volaran molestas ante esta poco convencional entrada.



-¿Podría el dueño de este pie quitármelo de encima? –dijo una voz que provenía del nudo de túnicas que había aparecido de la brillante luz.

-¡AY! –la dueña del pie gritó al sentir como era jalado en un ángulo anormal - ¡Cuidado que me haces daño! Deja lo muevo yo.

-¡Bhero bo a bi bfoca! –sonó de pronto una segunda voz masculina

-Perdón, perdón

-¿Quién esta en la cima de la columna? Porque créanme que no son unas ligeras plumas –dijo otra voz masculina mas disgustada que las anteriores

-Yo… -dijo una curiosa e indiferente voz femenina

-Pues… si eres tan amable de quitarte de encima

-Como alguna vez alguien me dijo… Creo que nunca habíamos estado tan unidos

-Si alguien osa reírse de ese comentario le lanzo una… ughh… maldición, porque por si no se han dado cuenta estoy hasta debajo de la torre –dijo la enfadada voz.



Finalmente el nudo de cuerpos se deshizo y el que estaba mas abajo finalmente sintió poder volver a respirar. La noche apenas y los iluminaba pero en la espesura se podía ver que todos traían capas color verde y sobre sus rostros sendas máscaras que evitaban incluso que se vieran sus ojos. Eran seis en total, tres de las figuras eran indudablemente mujeres, las otras tres parecían ser hombres, uno de ellos comenzó a caminar mientras los otros lo seguían.



-Vaya, y yo que pensé que haríamos una entrada dramática –dijo una de las voces masculinas aún sacudiéndose.

-Claro que fue dramática –le respondió sarcásticamente la voz masculina que iba al frente –cualquiera que nos hubiera visto se hubiera puesto a llorar

-Si pero de risa –dijo una voz femenina. Los demás intentaron ahogar su risa.

-¿Dónde estaremos? No reconozco el lugar –dijo una calmada voz femenina

-No creo que muy lejos de nuestro destino –dijo otra voz masculina, muy calmada y encogiéndose de hombros.

-Aún no se como daremos con ellos –volvió a preguntar alguien

-No te preocupes –dijo la voz que iba al frente –Donde haya problemas aparecerán.



--- ° ----



En una planicie donde se encontraban innumerables casas pintorescas y cálidas se encontraba una casa pequeña por fuera, pero muy amplia por dentro, pintada de un amarillo muy agradable y con tejas naranjas, un pequeño jardín muy cuidado y una reja de metal con fino acabado.



El problema era que nadie la podía ver… porque era el cuartel general de La Orden del Fénix.



-¡Sirius! –un joven hombre se encogió con rabia contenida pues sabía que había sido descubierto in fraganti, y poniendo cara de inocente giró para mirar a la persona que le gritaba, era una mujer mayor -¿Cuántas veces te tengo que decir que no metas esa motocicleta a la casa? ¡Ensucias la alfombra!

-Pero… pero, pobrecilla, no la puedo dejar sola afuera. Que tal si se la roban o… la reconocen

-Ash Sirius, no me vengas con excusas tontas –la mujer suspiró y se dio la vuelta –Procura que sea la última vez que la metes a la casa, porque si no ya verás.

-¡Claro! –aunque Sirius sonrió para sus adentros, no pensaba ni remotamente hacer caso a tal orden, su motocicleta no podía estar fuera sola al alcance de todos.



Sirius caminó a través del pequeño recibidor y dirigió su atención hacia una habitación contigua que estaba cerrada por una puerta de madera corrediza. Sonrió para sus adentros mientras comenzaba a rebuscar algo dentro de su capa pero sin sacarlo. De pronto pudo ver en uno de los sillones del lugar a un hombre que estaba leyendo el profeta. Tenía el cabello negro y alborotado, alto, delgado y con gafas.



-¡¿Qué hay James?! –dijo Sirius con alegría aún rebuscando en su capa

-¡Hola! –luego centró su atención en lo que Sirius buscaba -¿Qué traes ahí Sirius? –dijo James mientras levantaba una ceja en dirección de las manos de su mejor amigo.

-Es una sorpresa –Sirius se dio aires de suficiencia mientras pasaba a un lado de James

-Vamos, dime que es –James seguía a Sirius mientras este sonreía divertido

-Si no es para ti que te importa –dijo el aparentando molestia

-Si no es para mi entonces que mas da que me digas –le contestó su amigo aún mas curioso



Pero la charla se interrumpió cuando a la habitación entraron dos personas mas, una de ellas con un largo cabello rojo oscuro y una túnica sencilla color azul, la otra, venía en sus brazos y no parecía tener mas de un año, ambas tenían los mismos ojos.



-¿Tan temprano y ya tramando cosas? –lanzó la pelirroja con una sonrisilla

-¿Nos crees capaces de ese tipo de artimañas Lily? –dijo muy ofendido James

-La verdad si –dijo ella sonriendo

-¡Ey! –interrumpió Sirius alegre y dirigiéndose a ellos - ¿Cómo esta mi ahijado favorito? –y dicho esto cargó al niño en brazos que lleno de alegría rió junto con él mientras lo alzaba en el aire.

-Claro, salúdalo a él, yo solo soy un producto de la imaginación –dijo muy contrariada Lily de que la hubiesen ignorado.

-Hola imagen de Lily producto de mi imaginación –le contestó Sirius aún elevando al niño.

-Yo que tu no haría eso camarada, acaba de comer –le advirtió James sonriendo de ver a su hijo tan alegre riendo.

-El nunca le haría eso a su apuesto tío Sirius –dijo el otro sin prestar atención y continuando elevando al niño.

-Por lo menos sabemos que eres la modestia caminando –intervino Lily con el entrecejo un poco fruncido pero divertida –Bien, suficientes vueltas a Harry, sino se va a enfermar y créeme que no te quedara nada de apuesto si eso pasa.



El sabía que no era verdad lo que decía, pero conocía a Lily y repentinamente bajo al niño al suelo, aunque este siguió levantando los brazos pues quería seguir jugando.



-¡Ah es cierto! –Sirius golpeó sus manos mientras se hincaba para acercarse a Harry y comenzaba a buscar algo en su capa –Le traje algo

-¿Otro juguete? –dijo Lily sorprendida –Si sigue juntando cosas tendrá que mudarse de habitación porque no va a entrar.

-Prometo que será el último por una temporada, solo que no pude resistirme cuando lo vi –dijo emocionado mirando a sus amigos –Es algo para que se acuerde de mi.

-Sirius... te vemos casi a diario –James había levantado ambas cejas –Créeme que si sigues así te adoptaremos legalmente.

-Oh vamos, no seas exagerado –Sirius cerró los ojos con impaciencia –Veamos si adivinan que es. Tiene que ver conmigo

-¿Una motocicleta? –preguntó James con sorna

-No, esa hasta que cumpla dos.

-Ni de broma –Lily había abierto mucho los ojos ante la mirada divertida de Sirius y James

-Tarán... –Sirius había sacado el peluche de un pequeño perro negro y muy lanudo y lo mostraba con orgullo a sus amigos, Lily lo miraba extrañada pero James había abierto mucho la boca

-Es... idéntico... –dijo un poco extrañado

-¿Verdad? –dijo el otro emocionado –desde que lo ví supe que debía comprarlo –miró a su ahijado con alegría y le mostró el peluche mientras Harry lo miraba con sus enormes ojos verdes. –De tu padrino para ti –dijo con gran parsinomia entregándole el peluche.



El pequeño lo tomó e instintivamente lo abrazó, apenas y era mas grande que el muñeco pero Sirius parecía fascinado de verlo en brazos de Harry.



-Ahora cuando crezca querrá un perro –dijo cansinamente pero enternecida Lily

-¿Para que? Ya tenemos uno. Haber Sirius dame la pata y hazte el muerto. –James le lanzó una divertida mirada a su amigo

-Mira que me parto de la risa, Cornamenta –contestó con sarcasmo Sirius

-Yo tam…



Pero la frase quedó en el aire pues acababa de aparecer un fogonazo a la mitad de la sala, interrumpiendo a los tres conversantes, y dejando a su paso una pluma de fénix junto a un pedazo de pergamino descuidado. James lo tomó mientras caía, las risas habían cesado, incluso Harry se mantenía en un silencio expectante, mientras el color de la cara de su madre desaparecía y Sirius endurecía su mirada viendo con tensa impaciencia a su amigo.



-Gray Hollow, a las afueras de Londres –James fijó su mirada en los ojos de su esposa

-Iremos –dijo con determinación ella

-No. –Pero la orden no provenía de James sino de Sirius, ambos lo miraron sorprendidos–Tú quédate con Harry, no debemos bajar la guardia. –su tono se suavizó –No te preocupes, con James y conmigo bastará, somos como un muro de hierro –intentó que su tono sonara casual y despreocupado, pero no podía permitir que los tres fueran a un ataque, jamás se lo perdonaría si le llegaba pasar algo a alguno de los dos, lo mejor era tener solo a uno que cuidar.



Lily miró a James con un tono entre preocupación y determinación y James, que parecía meditar algo también, suspiró –Sirius tiene razón, es lo mejor para Harry – Lily parecía querer oponerse pero luego miró a su hijo jugando en la alfombra, cerró los ojos y finalmente asintió. James se acercó a ella y le dio un suave beso en los labios- No te preocupes, estaremos bien.



Dio una última mirada a su hijo, que lo veía con sus grandes y brillantes ojos verdes abrazando al perro de peluche. Finalmente miró a su amigo con determinación y con un desaparecieron. Lily se acercó a su hijo y lo cargó con la mirada baja.



-Por favor, que estén bien...

--- o ---

Llevaban mas de medio día sentados a las afueras de un pequeño poblado lo suficientemente solitario para que nadie los viera ni molestara, todo había estado muy tranquilo, demasiado tranquilo. Se encontraban sentados en lo que parecía ser una pequeña zona con vegetación, sumidos en un silencio reflexivo o, mas bien, aburrido.



-¿Cuánto tiempo mas tendremos que esperar? –soltó uno de ellos, bastante alto, envuelto en su capa y con una máscara en la cabeza

-No lo sé –dijo una voz femenina con un tono ligeramente autoritario mirando a su reloj –Sabíamos que habría un ataque pero...

-No nos queda mas que esperar –dijo otra calmada voz masculina



Se volvieron a sumir en el silencio, el tercero de los hombres del grupo jugaba con su varita al parecer aburrido, aunque no se podía saber pues la máscara ocultaba totalmente sus facciones, movía la varita entre los dedos y parecía tener la vista perdida en el horizonte.



-¿Qué piensas? –le preguntó otra voz femenina. La tercera mujer se encontraba a parte del grupo sentada plácidamente junto a las bolsas de viaje que traían los misteriosos sujetos, al parecer ajena a toda conversación.

-Nada en particular –dijo el hombre con voz ausente, después de una breve pausa agregó –Solo pensaba... en a quienes encontraremos.

-Se que será difícil pero debemos ser fuertes –terminó la mujer mientras le ponía una mano en el hombro.

-Lo se –contestó a su vez con voz ausente

-Yo también estoy muy nervioso –agregó de pronto el hombre con la voz tranquila-no se como podré mantenerme en silencio –terminó bajando la voz un poco mas.



El hombre que jugaba la varita se detuvo y lo observó, porque así era como precisamente el se sentía, cayó en cuenta que para su compañero, esa empresa era tan difícil como para él. Suspiró y volvió a mover la varita entre los dedos.



-No lo digas ni de broma –intervino enérgicamente la chica de la voz ligeramente autoritaria –Eso sería desastroso

-Lo sabemos, créeme. –le contestó el hombre alto aún recargado en la pared cansinamente –No tienes que recordárnoslo cada quince minutos.

-Mira, yo solo quería... –contestó ella picada pero no pudo terminar porque la interrumpieron

-Alto los dos –dijo el que jugaba con la varita, ella quiso volver a contestar pero había notado que no los veía a ellos, el hombre se había enderezado completamente y estaba muy tenso, todos notaron que veía un punto del horizonte.

-¿Qué es eso? –dijo la chica que se encontraba junto al equipaje con voz ligeramente soñadora. Todos observaban una tenue lluvia de chispas que se veía a lo lejos.

-La batalla que esperábamos –le contestó el hombre que anteriormente jugaba con la varita colocándose al frente del grupo, como un líder -¿Listos todos? –los demás sacaron sus varitas y asintieron, luego el hombre miró hacia donde se veían los haces de luz brillante y dijo mas para si mismo que para los demás: –Llegó la hora.



--- o ---



Llevaban casi diez minutos peleando y la cantidad de mortífagos no disminuía, nadie más de la orden había llegado aún y ellos confiaban en que no tardaran en llegar; era cierto que eran muy buenos luchando, pero eso no significaba que fueran invencibles y sus fuerzas comenzaban a menguar.



James Potter y Sirius Black estaban espalda con espalda luchando encarnizadamente, verlos luchar era como ver a un solo ser moverse con agilidad y fuerza, se giraban, agachaba a la par, mientras arrojaban uno que otro comentario sarcástico con el fin de enfurecer a sus agresores.



-James –dijo, después de aturdir a uno de los mortífagos, Sirius –no hay ninguno del círculo interno en este ataque.

-Lo se –le contestó el susodicho esquivando un rayo rojo –Pero siguen siendo diez contra dos y no vamos a durar así, y ellos tampoco –hizo un ademán con la cabeza para señalar a tres hombres inconscientes y heridos –hay que llevarlos pronto a San Mungo.

-Vamos Cornamenta, de peores nos hemos librado –intentó animarlo Sirius airadamente –estos son principiantes.



Principiantes o no sabían pelear bien y James lo sabía. De pronto se tiró al piso, justo a tiempo, arrastrando con él a Sirius en el momento en que un rayo verde pasó rozándolos, y en el proceso, separándolos.



-Maldición –dijo por lo bajo James viendo, mientras corría, como su amigo se agachaba con una sonrisa de autosuficiencia esquivando los ataques, sin embargo James pudo notar, cuando sus miradas se cruzaron por un instante, cierta preocupación que pocos podían notar en él. Un rayo rojo rozó a James en el hombro arrancándole un grito de dolor- ¡Desmaius! –gritó a la vez, pero ahora tenía un cerco de mortífagos a su alrededor, y poco tiempo para reaccionar.



Se maldijo por su estupidez, y, por un segundo, pensó en Lily y en Harry, y el pecho se le oprimió.



-¡Petrificus Totalus! –Sonó de pronto una voz desconocida tirando a uno de los mortífagos del cerco de James.



Todo pareció detenerse por un instante, los mortífagos dieron la vuelta para observar algo que a James no le dio tiempo de ver, pues aprovechó el momento para desaparecer y volver a aparecerse a un lado de Sirius, que también veía algo y abría ligeramente la boca. Finalmente James también miró hacia donde suponía se encontraba quien había arrojado el hechizo, y abrió más sus ojos color avellana.



Frente a ellos y a los mortífagos se encontraban seis figuras, todas vestían capas verdes y tenían las varitas en alto. Traían máscaras blancas, similares a la de los mortífagos, pero a través de ellas no se podían observar los ojos, pues la máscara era atravesada por una franja oscura en esa área, sin embargo podía sentir como juntos irradiaban una gran fuerza.



-¿Quiénes son? –gritó el que parecía ser el líder del ataque mortífago y cuya voz, James no conocía.

-Lo peor que te pudo haber pasado –le contestó la figura mas alta.

-Será mejor que se vayan, –dijo la voz del hombre que se encontraba al frente y que parecía ser el líder –podrían salir lastimados.

-Ja,ja,ja, no nos hagas reír –gritó otro mortífago -¿Crees que bajaremos las varitas y nos iremos pacíficamente? ¿Acaso no sabes quienes somos?

-Mortífagos. –contestó tranquilamente el hombre –Los conozco bien.

-Entonces sabes que deberías temernos, estúpido.

-Supongo que eso se esperaría pero, desafortunadamente, no es el caso.



Sirius y James escuchaban ese tono calmado que, aunque sonaba ligeramente juvenil, hasta cierto punto les recordaba a Dumbledore. James se arrodilló cerca de los hombres heridos sin quitar su mirada de los extraños, suspiró aliviado al ver que aún respiraban, luego volvió a levantarse. Sirius aún no les quitaba la vista de encima, pero su mirada de desconcierto había pasado a una de desconfiada tensión.



-Pues ahora aprenderá a temernos estúpido –dijo fuera de si un mortífago lanzando un rayo aturdidor hacia el líder.

-¡Protejo! –un perfecto escudo de magia desvió el rayo aturdidor dejando sorprendidos a los mortífagos.

-Les ofrecimos irse por las buenas –dijo subiendo un poco mas su varita –Será por las malas entonces.



Las seis figuras se separaron repentinamente dirigiéndose a diferentes lugares, observando a diferentes mortífagos, quienes levantaron sus varitas a un tiempo para intentar detenerlos. Varios rayos aturdidores volaron por el aire pero ninguno dio en su blanco, los seis sujetos esquivaban y lanzaban a su vez maleficios con tal destreza que asombraba a los mortífagos.



James miraba especialmente al líder del grupo misterioso, este luchaba contra dos de los mortífagos, incluido el líder, y parecía hacerlo muy bien; se movía con una destreza digna de alabanza, girando a cada momento, agachándose, envistiendo, pero aún sin atacar, parecía disfrutar haciendo enojar a sus oponentes, pero a James le pareció que mas bien no quería atacarlos. Un rayo verde salió de la varita del líder de los mortífagos en dirección al hombre, pero este, con un rápido y preciso movimiento lo esquivó y con la misma agilidad sostuvo su varita en alto en dirección de sus atacantes.



-Expeliarmus –un potente rayo salió de su varita y desarmó a ambos mortífagos quienes miraron sorprendidos sus manos desde donde sus varitas habían volado –Accio Varitas –volvió a hablar el hombre y ambas varitas se dirigieron a su mano, luego, con un movimiento, unas cuerdas aparecieron de la nada y amarraron a los dos mortífagos, estos miraron sorprendidos como el hombre guardaba ambas varitas en su túnica para después girarse viendo hacia donde estaban James y Sirius.



Tal vez fue la impresión del momento, tal vez el misterio que envolvía a esos sujetos, pero cuando la mirada de James se conectó a la del misterioso individuo (porque estaba seguro que lo miraba fijamente), pudo sentir un escalofrío recorrer su cuerpo causándole una extraña sensación que no pudo definir, aunque le pareció que ya la había sentido antes. Después el individuo miró a Sirius, quien a su vez le veía con una cautelosa mirada, fue curioso, pero le dio la impresión de que quería acercárseles, sin embargo el sujeto volvió a girarse y se dirigió de nuevo a la batalla.



Pronto habían varios mortífagos desmayados en el piso, otros atados con las mismas cuerdas mágicas y los últimos dos miraban horrorizados al grupo misterioso que ahora se encontraba frente a ellos.



-Malditos –espetó uno de ellos apuntando con su varita –lo pagarán. –Y con dos sonoros desaparecieron.

-Debiste detenerlos. –le dijo una de las mujeres al líder del grupo –Ahora alertarán de nuestra presencia

-De todas formas se acabará enterando –le contestó como si no le diera importancia. Luego miró hacia donde estaban las dos solitarias figuras de James y Sirius. –Ahora es momento de la parte mas difícil, por lo menos ya llamamos su atención. –se giró hacia donde estaban, quiso caminar, pero se detuvo.

-¿Seguro que estarás bien? –le dijo el hombre mas alto con preocupación. El líder suspiró pero después se irguió en toda su estatura y volvió a tomar aire.

-Lo estaré. –Y comenzó a caminar con determinación hacia donde estaban mientras los demás lo seguían.



Cuando James y Sirius se dieron cuenta de que esos sujetos se dirigían hacia ellos, instintivamente levantaron las varitas, pero en realidad ninguno estaba seguro de si debía usarlas, sin embargo intentaron que su mirada no los delatara. A pocos pasos de donde estaban ellos, el grupo se detuvo.



-No tienen porque apuntarnos con eso señores. –dijo el líder que a pesar de todo, no tenía el tono fuerte y frío que le habían oído utilizar con los mortífagos. –No somos sus enemigos.

-¿Y que certeza tenemos de ello? –le contestó Sirius sin bajar la varita.

-Pues... –el hombre señaló hacia el antiguo campo de batalla –Tal vez esto por lo menos nos otorgue el beneficio de la duda.



James y Sirius se miraron y ambos bajaron las varitas a un tiempo, aunque seguían apretándolas en sus manos.



-Gracias –el líder hizo un ademán con la cabeza para demostrarlo –Ahora, quisiéramos pedirles un favor.

-¿Qué clase de favor? –preguntó James levantando ligeramente la ceja.

-Necesitamos ver a Albus Dumbledore –esta vez habló una de las mujeres que estaba junto al líder.

-Aja... ¿Y nosotros muy amablemente los llevaremos? –dijo con cierta ironía Sirius- no sabemos ni quienes somos, podrían... –pero James lo interrumpió:

-¿Para qué?

-Por favor, es muy importante –le pidió el líder.



El tono seguía siendo educado, y a hasta cierto punto distante, pero James creyó notar cierta súplica en la voz del joven, porque ahora estaba seguro de que se trataba de uno, pues la voz, aunque madura en su tono, tenía un timbre juvenil. Además, James no podía dejar de ignorar que ese sujeto no había lastimado a ninguno de los mortífagos si tenía la oportunidad.



-Esta bien –dijo finalmente, mientras Sirius lo miraba sorprendido

-Pero, James, ¿Cómo...?

-Sin embargo primero debemos llevar a estas personas al hospital –dijo ignorando a Sirius. Este quiso volver a intervenir pero se abstuvo.

-No será necesario –una de las chicas, al parecer la más pequeña levantó el brazo y un sinfín de chispas rojas brillaron –Ahora no tardarán en llegar refuerzos, pues el peligro ya pasó.



James la miró sorprendido, en realidad su plan era ir a San Mungo para tener mas ayuda en caso de que esos sujetos no fueran lo que aparentaban, dándole así tiempo para estudiarlos y determinar si eran de fiar, pero la chica se le había adelantado, parecía saber muy bien las señales que alertaban que el peligro había pasado, sabía que no tardarían en llegar los sanadores, ya no tenía opción, lo mejor era llevarlos con Dumbledore.



Sirius seguía indeciso, pero en parte entendía el plan de su amigo. Era consciente que lo mejor era parecer que accedían pues no era muy recomendable mantener una pelea a muerte contra esos sujetos pues sabía que llevarían las de perder. Miró a James que le asintió en silencio.



-En esa casa debe haber chimenea –dijo al fin, aún con cierta desconfianza Sirius, señalando una puerta a un lado suyo.

-Iré por nuestras cosas –dijo uno de los hombres, uno con una voz calmada.

-¿Traen equipaje? –preguntó extrañado James

-Somos viajeros con razones muy particulares –le contestó educadamente una de las chicas encogiéndose de hombros, sin embargo el tono les indicó que no les sacarían nada aún.



James se acercó a la puerta de la casa y la abrió con un movimiento de varita, cedió el paso al grupo, pues no pensaba quedar a merced de ellos, luego entró él. Sirius seguía en la puerta esperando al último que venía corriendo y utilizando la varita para mover seis mochilas.



Cuando el último hubo entrado, y cada uno de los sujetos tomó sus cosas, James volvió a hablar.



-Ahora, –dijo volviendo a levantar la varita, pero hablando con educación –me darán sus varitas, podrán entender que no permitiremos que sujetos como ustedes se acerquen a Dumbledore armados y lo pongan en peligro.



El líder miró hacia sus compañeros que mantenían una posición tensa ante esta última orden y les asintió. Luego volvió a mirar hacia James y sacando su varita de la capa la arrojó hacia él, quien la cachó sin mirar y se la pasó a Sirius. Los demás lo imitaron un poco mas recelosos.



-Gracias por su comprensión –dijo James un poco menos tenso y bajando su varita, luego se giró hacia Sirius -¿Podrías ir delante y avisarle a Dumbledore que vamos? Avísame cuando podamos cruzar.

-Ah no James, no te puedo dejar aquí solo –le dijo enfadado Sirius, pero James le sonrió

-Vamos, ¿no me crees capaz de defenderme si ellos no tienen su varita? –Sirius abrió la boca pero no dijo nada y la volvió a cerrar enfadado –Además Sirius, la ayuda ya llegó.



Y era cierto, fuera comenzaba a oírse el sonido de muchos magos apareciendo, seguramente el ministerio y la gente de San Mungo habían llegado. A Sirius al parecer este último argumento lo convenció, así que se dirigió aún ceñudo hacia la chimenea y la prendió con su varita. Buscó algo en su bolsillo y sacó un puñado de polvos flu que arrojó hacia las llamas.



-Volveré lo mas pronto posible James, ten cuidado.

-No te apures



Sirius dirigió una última mirada hacia el grupo, en particular, hacia el líder luego con voz fuerte y clara dijo: -Oficina de Albus Dumbledore, Hogwarts –y desapareció entre las verdes llamas.



Pasaron diez largos minutos, James se había recargado en la pared sin apartar la vista del grupo, nadie hablaba, sin embargo parecía que ellos también habían optado por ponerse cómodos, uno de ellos, alto y delgado, se había sentado en el piso y recargaba su cara en su mano, una de las chicas se había sentado de lado y parecía contar los ladrillos de la chimenea con una actitud hasta cierto punto aburrida y distante, el otro hombre también se había recargado en la pared y miraba a la ventana donde los aurores del ministerio se llevaban a los mortífagos, mas sin embargo ninguno se había dado cuenta de la presencia de los extraños en la casa. Las otras dos chicas se mantenían una a un lado de la otra junto al hombre sentado, pero no hablaban. Lo que mas disgustaba a James era el hecho de que parecía que el grupo estaba muy interesado en él, pues se turnaban para observarlo, para ser sincero, eso comenzaba tanto a extrañarle como a cansarle.



Sin embargo James estaba mas interesado en quien parecía ser el líder. Llevaba todo el tiempo exactamente en el mismo lugar, mirando fijamente a las llamas por donde Sirius había desaparecido, parecía perdido en sus pensamientos, como si estuviese muy lejos o recordando algo, en algunas ocasiones lo había mirado directamente, pero James se había dado cuenta de que si él también lo miraba, el joven enseguida desviaba la mirada y la bajaba viendo a las llamas de nuevo.

En esas estaba cuando las llamas volvieron a brillar y la cabeza de Sirius apareció, antes de que alguno hablara, James notó como el líder del grupo parecía ponerse muy tenso y se estremecía.



-James –dijo Sirius sin notar el estremecimiento del joven líder –dice Dumbledore que los espera –luego miró hacia el grupo y con otro desapareció.

-Vamos, de uno en uno –dijo James dirigiéndose al grupo y sacando de su túnica otra bolsita de polvos flu y ofreciéndola al líder.



Pero este parecía inmóvil frente a la chimenea viendo estático a donde hacia unos segundos había estado la cabeza de Sirius, esto le extraño mucho a James. Un pesado silencio se apoderó del lugar mientras todos veían al hombre que aún permanecía quieto, el sujeto alto se acercó al líder y le puso una mano en el hombro, este se sobresaltó y se giró a mirarlo.



-Vamos –le dijo en un tono bastante suave y precavido. El otro solo asintió y dándose cuenta de nuevo de la presencia de James suspiró y se acercó a la bolsa que le ofrecía, se detuvo antes de tomarla, evitando en todo momento mirar a la cara a James, quien no dejo de notarlo, finalmente tomó la bolsita y dándole la espalda, se la ofreció a sus compañeros.



Uno a uno fueron desapareciendo en las llamas verdes. Cuando solo quedaban el líder y James, el primero tomo un puñado y, para sorpresa de James, dejó la bolsita sobre la chimenea y sin dirigirle una sola mirada desapareció en un torbellino de llamas.



-Que raro –dijo James por lo bajo antes de tomar un puñado, guardarse la bolsita y meterse el mismo a las llamas.



Cuando el piso dejo de moverse se encontró en la oficina del director de Hogwarts y la miró con cierta melancolía, luego volvió a ver el grupo que se encontraba parado frente al director, quien los analizaba con sus gafas de media luna con una fuerte mirada. Vio a Sirius detrás del grupo con los brazos cruzados y se dirigió junto a él.



-Me dijeron que deseaban verme –el tono del director era amable pero firme –Pues, ustedes dirán.

-Verá, señor director –la que habló fue la joven mujer a un lado del líder, con un tono muy respetuoso y algo inseguro –quisiéramos que fuese a solas.

-Si como no –volvió a interrumpir Sirius –los vamos a dejar obedientemente a solas con Albus Dumbledore. No sabemos ni quienes rayos son.

-Quizá no hayan notado que no usamos máscaras por puro gusto –le contestó algo picado el hombre alto.

-Queremos mantener nuestro anonimato por razones muy personales –volvió a intervenir la misma mujer –Pero necesitamos hablar con Dumbledore de eso y de varias cosas importantes.

-Estamos tan interesados como Dumbledore sobre quienes son ustedes, y no pensamos dejar esta habitación sin saber si son confiables o no –dijo James educadamente pero en un tono peligroso.



El líder del grupo no había intervenido en toda la charla, desde que había llegado había estado pasando la mirada a los cuadros, deteniéndose en algunos en particular, actitud que no había pasado desapercibida para el director. Pero todos se quedaron en silencio cuando ese mismo líder comenzó a caminar con tranquilidad hacia la percha donde el fénix de Dumbledore estaba, quien lo miraba con sus enormes ojos amarillos.



-Hola Fawkes



Lo dijo con un tono casual y cariñoso, como si conociera al ave de mucho tiempo, mientras acariciaba con su mano enguantada la cabeza del fénix, quien la giro cerrando los ojos como si le gustara lo que hacía el hombre y soltó una suave y trémula nota.



Dumbledore había abierto ligeramente la boca, era esa actitud la que mas lo había sorprendido, Fawkes no era un pájaro que confiaba en todo mundo, y tampoco muchos lo conocían, ese joven lo intrigaba, y tenía la impresión de que no hablarían mas que frente a él. Además, si Fawkes confiaba en él, no tenía porque desconfiar.



-James, Sirius –dijo el director quitando la mirada del hombre y dirigiéndola a los también sorprendidos amigos –si son tan amables de esperar afuera.



Ambos miraron al director y luego al hombre que seguía acariciando a Fawkes sin dirigirles la mirada. Se miraron uno al otro y, con cierta desconfianza, obedecieron la orden, saliendo del despacho.



Cuando finalmente la puerta se cerró, el líder dejo de acariciar al fénix y bajo la mirada, para luego dirigirla al director, quien lo miraba.



-Creo que ahora serán capaces de decirme, sin temor a que mas personas sepan, quienes son y a que han venido.



El líder del grupo se dirigió de nuevo hacia donde estaban sus compañeros.



-Es algo... difícil de explicar –dijo nerviosa la mujer que antes había hablado.



--- o ---



-¡Arghh! Llevan casi una hora hablando, ¿qué pasará? –Sirius Black se quejaba por décima vez en ese rato, mientras se balanceaba en las dos patas de una silla.

-No lo se –le contestó James Potter con el ceño fruncido y mirando hacia la puerta del despacho –Me encantaría saber de que hablan.

-Si Dumbledore no hubiese puesto ese encantamiento en la puerta...

-Canuto, –dijo James con cierta altivez –teniendo a los dos alborotadores mas grandes de Hogwarts tras su puerta, ¿No se te hace ilógico que no lo haya puesto?

-Lo se, solo que me intrigan demasiado esos sujetos –la silla se recargó con un ruido sordo en sus cuatro patas, Sirius vio a su amigo -¿Viste como lucharon?

-Si –le contestó James ligeramente contrariado –No pude quitarles los ojos de encima, sobre todo al que parece ser el líder.

-Era el mejor de los seis sin duda. Mas sin embargo, James, aún no se porque accediste a traerlos con Dumbledore. –Sirius volvió a columpiarse en las dos patas de la silla sin dejar de ver a su amigo –Entiendo que eran mas que nosotros y que estábamos en desventaja pero...

-Para serte sincero, Sirius, no se bien porque lo hice –dijo volviendo a mirar hacia la puerta, luego bajo la mirada –Creo que en parte fue por lo que vi en la batalla, ese joven, el líder, luchó admirablemente pero nunca dañó a ninguno de sus oponentes. Un hombre así no puede ser totalmente malvado.

-Ay James, confías demasiado en la gente –a pesar de todo Sirius sonrió ligeramente a su amigo, que también le devolvió la sonrisa -¿Sabes? Un día de estos ese defecto tuyo te va a matar.



James le iba contestar cuando la puerta del despacho se abrió, Sirius se puso rápidamente de pie al ver pasar al director con el grupo de desconocidos detrás de él. El director se veía pensativo, incluso ligeramente pálido, pero cuando habló lo hizo con la misma seguridad y calma de siempre.



-Sirius, ¿Serías tan amable de ir con Hagrid y pedirle que prepare los carruajes? –dijo Dumbledore a su extrañado ex-alumno, quien, a pesar de que esta petición le pareció la última cosa que imaginó, salió del despacho con paso rápido.

-Dumbledore... –James se había vuelto hacia el director después de ver como su amigo desaparecía por el pasillo.

-Estas personas amablemente nos ayudarán un tiempo –dijo el director adivinando hacia donde quería llegar James, pero no dijo nada más y salió del lugar.



El castillo estaba desierto, ni un alma quedaba haciendo honor a las vacaciones de verano. James caminaba junto a un director callado y meditativo. De vez en cuando lanzaba furtivas miradas al grupo que iba atrás, quienes caminaban en silencio, hasta que uno de ellos lo rompió:



-Que solitario se ve esto sin los alumnos –dijo con cierta melancolía el hombre alto

-Eso es obvio, son vacaciones –le contestó la mujer a su lado con cierta autosuficiencia

-Ya lo se. –le contestó un poco molesto –Pero es que todo esta tan silencioso…

-¡Ah! Entonces ustedes estudiaron aquí –el tono de James era tal vez demasiado efusivo, y sobre todo no era una pregunta sino una afirmación

-Bien hecho –dijo por lo bajo el líder del grupo, los otros dos bajaron la cabeza apenados.



Mas fue una suerte que el líder trajera la máscara porque no pudo reprimir una sonrisa.



Salieron a las afueras del castillo, bajo el abrasador sol de Agosto, fuera estaba Hagrid sujetando los caballos invisibles que tiraban de dos carruajes. Sirius estaba apoyado en una de las carrozas mirando hacia la puerta del castillo.



-Profesor Dumbledore –dijo Hagrid acercándose al grupo, pero viendo con desconfianza a los encapuchados.

-Buen día, Hagrid –dijo con su benévola sonrisa el director mientras se dirigía a uno de los carruajes –James, Sirius, si son tan amables de ir conmigo en este carruaje, los demás creo que se acomodarán bien en el segundo.



Dicho esto se subió con agilidad al carruaje y se acomodó. Sirius y James se miraron con extrañeza, ¿qué había ocurrido en el despacho para que Dumbledore actuara con tal tranquilidad? Miraron hacia el segundo carruaje donde el grupo comenzaba a subir, el último en entrar fue el líder, que los observó por un segundo antes de subir y cerrar la puerta. Finalmente James y Sirius entraron a su carruaje y se sentaron uno a lado del otro frente al director.



-Usted dirá donde, director –se oyó tronar la voz de Hagrid

-Número 31 de la calle Yellow Rose

-¡¿Qué…?! –exclamaron Sirius y James a un tiempo

-Pero…profesor… -dijo Hagrid, pero el director solo se acomodó mejor

-Ya me oíste, Hagrid –dijo con un tono amigable pero que no admitía réplica.

-Muy bien –asintió el semi-gigante –Ya lo oyeron chicos, vamos, moviéndose.



Las carrozas se elevaron en el aire con suavidad pero con gran rapidez. En unos segundos el castillo se volvió del tamaño de un pequeño alfiler. Sirius se removió en su asiento, e incapaz de seguir callado, exclamó:



-¿Podría dejar tanto misterio y decirnos quienes son esos sujetos y por qué los lleva al Cuartel General?

-Es cierto –le ayudó James –Llegan de pronto con su actitud de “Ey, somos los héroes del universo” –esto último lo dijo acentuando las palabras con sus dedos, y agregó: -Acaban con todos los mortífagos sin siguiera sudar, exigen hablar con usted y después hay que recibirlos con los brazos abiertos sin explicaciones y sin saber a que vienen. No entiendo.

-Así que pelean bien –dijo Dumbledore como si James hubiese estado contando una película –Debí imaginarlo –y sonrió

-¿Imaginar que? –preguntó fuera de sus casillas Sirius -¿Quiénes son ellos?

-Todo a su tiempo Sirius –el rostro de Dumbledore se puso serio –Por el momento bastará con que sepan que lo diré frente a toda la Orden en cuanto lleguemos

-¿Los dejará entrar? –preguntó sorprendido James -¿Son de fiar?

-Mas de los crees –le contestó Dumbledore con una enigmática sonrisa.



James se recargó molesto en su asiento y cruzó los brazos, era evidente que no le sacarían nada mas a Dumbledore por el momento, por lo que creyó solo un gasto de saliva seguir intentando que respondiera preguntas. Era mas fácil lograr que la puerta del carruaje hablara. Al parecer Sirius pensaba lo mismo pues comenzó a observar por la ventana con cierta aburrición.



Llegaron al cabo de 10 minutos, bajaron ágilmente de ambos carruajes, frente a ellos se encontraba la casa que servía de cuartel general, claro que el grupo recién llegado no la veía. Dumbledore sacó una hoja de pergamino de su túnica.



-Vengan, acérquense –dijo con un tono cálido y agradable a los extraños.



Se agruparon alrededor de Dumbledore y leyeron el papel rápidamente, después el director le prendió fuego con su varita. Cuando volvieron a levantar la vista, la casa amarilla había aparecido frente a sus ojos. Sin embargo, todos se abstuvieron de hacer algún comentario.



Dumbledore abrió la puerta con tranquilidad y los invitó a pasar. Ellos entraron primero, después James y Sirius, al final el director cerró la puerta. Ya se disponía el director a hablar cuando una voz se oyó por el corredor.



-¡James! –una mujer pelirroja se dirigió rápidamente hacia él y lo abrazó - ¿Qué ocurrió? ¿Por qué no volviste en cuanto el ataque terminó? Estaba muy preocupada.

-No te preocupes –le dijo sonriéndole –ya ves que estamos bien, solo que… –dirigió una mirada hacia el grupo que estaba atrás, y también su esposa –ocurrió algo imprevisto.



Lily observó al director, quien a su vez observaba al grupo desconocido que parecía muy silencioso y observaban a la pareja. Uno de ellos parecía estar utilizando todo su control mental para no estremecerse, cosa que a Dumbledore no le pasó desapercibida.



-¿Qué ocurre? –preguntó Lily y torció el gesto -¿Quiénes son ellos?

-Eso, Lily, es lo que todos nos preguntamos –le contestó Sirius observando al director, quien a su vez sonrió.

-James, ¿podrías avisar a la orden de una junta urgente? –dijo el director como si no hubiese habido ningún comentario sobre el grupo. Luego giró hacia ellos –Creo que estarán cansados después de tan largo viaje. Vengan, les mostraré donde podrán quedarse y descansar.



Dicho esto subió por las escaleras con total calma, uno a uno los miembros del grupo comenzaron a seguirlo. Una de las mujeres tomó el brazo del líder como obligándolo a caminar y, aunque este no opuso resistencia, seguía mirando hacia las tres personas que se quedaron en el vestíbulo, hasta que giró la cabeza y subió con rapidez las escaleras.



-Espero que estas dos habitaciones contiguas serán de su agrado –dijo amablemente el director, luego su mirada se puso seria –Descansen un poco mientras llegan los demás miembros y hablo con ellos, esta de mas decir que será difícil que confíen en gente enmascarada.

-Lo sabemos –dijo el líder –pero sabe que no tenemos opción.

-Por supuesto –dijo Dumbledore calmadamente –Pero debo recordarles que deben ser muy cuidadosos. Ahora podrán estar un poco tranquilos, yo los llamaré cuando tengan que bajar. –dicho esto dio media vuelta y volvió a bajar por las escaleras.

-Creo que iremos a dejar nuestras cosas y luego nos reuniremos en su habitación –dijo una de las mujeres cuando Dumbledore se alejó. El resto solo asintió y se metieron en sus habitaciones.



-Bonito lugar –dijo el hombre alto al entrar –Muy acogedor



Y era cierto, era una habitación que a simple vista era pequeña pero en realidad era bastante espaciosa. Tiraron sus mochilas en un rincón y el hombre alto se sentó en una de las camas.



-Solo hay dos camas, habrá que aparecer otra o decirle a Dumbledore que lo haga



La puerta sonó con un “Somos nosotras”. Uno de los hombres abrió.



-¿Qué tal las habitaciones? Confortables ¿no? –dijo una de ellas mas animada.



La mas pequeña de las mujeres murmuró algo y un rayo pegó en la puerta.



-Ya está. Ahora podremos hablar con total libertad y nadie podrá entrar sin nuestro permiso.

-Que bueno –exclamó el hombre alto comenzando a quitarse la máscara –Esta cosa me estaba matando, es terriblemente incómoda.



Todos lo comenzaron a imitar, el líder lo hizo con calma, y detrás de la máscara apareció un joven de cabello negro con ojos de un color verde esmeralda. Harry Potter tiró la máscara al piso con cierta tristeza reflejada en sus ojos.



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Hao!: Bueno, este es mi primer fanfic de una historia a la que llevo dándole vueltas por bastante tiempo pero no me animaba a escribir. Ahora que me he decidido y con el libro 6 tan cercano, me animé. Espero que les guste.

Dejen reviews con amenazas de muerte si es necesario jajaja. Hasta la próxima




Para leer online:

Choque de mundos

Página del autor. Aquí




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